
Existía una regla: si un prisionero había sido golpeado en la cara, le disparaban esa tarde al pasar lista, o a la siguiente mañana si es que la contusión aún no había aparecido antes. Muchos prisioneros, en su desesperación por las horribles muertes de sus familiares y ya sin deseos de vivir, se suicidaban colgándose en las barracas con sus cintos. Normalmente, los 1500 trabajadores eran totalmente reemplazados cada tres a cinco días...
(Treblinka,campo ubicado a 38 km al noreste de la capital de Polonia, Varsovia)





