viernes, noviembre 06, 2009

confiar


"Podrás defraudar a los demás.
No me importa.
Te querré hasta que me defraudes a mí.
Ni siquiera sé de qué forma podrías defraudarme.
No lo sé ahora....."
(El Haragán)

viernes, octubre 30, 2009

campos de concentración III


La última casa al lado del cementerio.
Oświęcim (Polonia)

sábado, octubre 24, 2009

campos de concentración II


Los aliados disponían de una red de información que funcionaba de forma efectiva, tanto en los países ocupados por Alemania como en la propia Alemania, por lo que un crimen de una magnitud tan monstruosa como era el asesinato de millones de personas en cámaras de gas, no podría de ninguna manera quedar oculto ante ellos durante años.
Pero Washington, Londres y Moscú no hacían nada, pudiendo destruir los campos de exterminio y salvar así a millones de personas. Tampoco los prevenían del exterminio que los amenazaba, pues nadie oponía ninguna resistencia a los traslados hacia los campos de trabajo. Los aliados tampoco llamaron la atención del pueblo alemán sobre el genocidio perpetrado por su gobierno. Asimismo, tanto el Papa Pío XII, como la Cruz Roja, habrían permanecido con los brazos cruzados hasta terminar la guerra, callando el genocidio. Durante la guerra nadie se comportaba como si dicho genocidio estuviese ocurriendo.

viernes, octubre 16, 2009

campos de concentración I


El campo de exterminio de Majdanek, en contraste con el resto de campos de este tipo, se encontraba en una zona urbana de cierta importancia, a 4 kilómetros del centro de la ciudad de Lublin. Se trata de una zona relativamente plana que puede observarse desde todas partes: su situación no podía ser más pública y accesible, en una zona totalmente abierta. No había ninguna zona de seguridad establecida alrededor del campo, como en Birkenau, no había un muro como en Dachau y no había ninguna protección natural como en Treblinka.

martes, octubre 06, 2009

probar


Donde se prueba que no siempre se piensa en todo.

miércoles, septiembre 30, 2009

creer


¡Por qué rechaza usted mis visitas?
Contesté que yo no creía en Dios.
Quiso saber si estaba absolutamente seguro
y le dije que no tenía necesidad de preguntármelo:
la cuestión me parecía sin importancia.
(El extranjero)

sábado, septiembre 05, 2009

ficción


La Nave, Tomás Salvador.